Poseer, recopilar, acumular, mostrar y compartir. Los verbos que incluyen la historia del coleccionismo nos hablan de una actividad que el hombre ha desarrollado como producto de amasar poder y riqueza, en donde combina el acto de coleccionar con el fin de mostrar lo acumulado. El almacenar objetos bellos o enigmáticos se refiere a lo que conocemos hoy como coleccionismo, una empresa que comenzó con gran éxito a partir del Renacimiento italiano, en el siglo XV. El hombre se situó el centro de la realidad y los humanistas lograron visualizar un mundo capaz de admiración acercándose a las artes para proyectar sus habilidades e inspiración. Surgieron los mecenas y patronos, quienes invitaban a sus palacios a los más renombrados artistas de la época. Hubo personajes como Lorenzo de Medici, quien se dio a conocer por su asombrosa colección de escultura, pintura, manuscritos e inclusive animales exóticos.

Sin embargo, no podemos asegurar que esta añoranza de posesión, este perpetuo acumular empezó en ese momento. Existen noticias de la famosa biblioteca de Alejandría fundada por Tolomeo en el año 280 AC, como acervo maravilloso de manuscritos y como centro de estudio. Otros fueron seguramente ejemplos hoy perdidos, en donde se acumulaban los anales del saber.