Equipo Tonic_

    Hace algunas horas el mundo se entero de la victoria, en muchos casos inesperada, de Donald Trump. En una campaña que terminó casi de manera independiente y con propuestas que dejaban mucho que desear Trump fue pavimentando su camino a la casa blanca con un sentido del humor extraño y con un manejo de los medios que lo terminó dejando en la entrada de la casa blanca.

    Como se pudo apreciar en los diversos debates es difícil predecir a qué van a apuntar las políticas de Trump en los años que vienen, siempre un poco confuso y grandilocuente, es prácticamente imposible asegurar a ciencia cierta un camino a seguir, cada aparición en televisión significaba algún nuevo cambio, que incluso para sus asesores y compañeros políticos resulta complicado de seguir. Sus más cercanos incluso parecen no dar crédito a las promesas de un muro divisorio, a sus políticas de inmigración y a algunas de las alusiones racistas, para ellos todo parece ser el juego en el cual actúan, por el cual consiguen votos.

    Por ello hablar del mercado del arte, un campo de por sí difícil de predecir, en torno a la elección de Trump parece un ejercicio imposible, sin embargo hay dos cosas que parecen importante de indicar de cara a lo que viene. La primera de ellas es que en momentos de incertidumbre global, en específica una como ésta que ya vio sus reacciones con las bajas de la bolsa a nivel mundial y la caída del peso mexicano a su mínimo histórico, la duda tiende a acelerar el proceso del dinero hacia otras fuentes de valor, en este caso el arte podría funcionar más como inversión que comprar cualquier acción en la bolsa, por su estabilidad y crecimiento. Por esta razón lo más posible es que los compradores sigan invirtiendo en objetos de lujo en vez de en instrumentos financieros.

    La segunda cuestión es un cambio macroeconómico hacia la inflación. Se ha presumido que las tasas de interés bajas continuarán indefinidamente. Pero ya algunos de los asesores probables de Trump están pidiendo una acción agresiva sobre las tasas de interés y otras medidas de política que harán que la inflación sea una prioridad sobre otras metas.

    Ninguna de estas tendencias es necesariamente mala para el mercado del arte, especialmente en el contexto de un régimen político que es poco probable que aumente los impuestos. El sector más rico de la economía mundial seguirá acumulando más dinero del que puede consumir o invertir productivamente. Ese dinero buscará un refugio seguro, especialmente si la inflación erosiona su valor.

    Vía: http://www.artmarketmonitor.com/