Por José Tomás Fontecilla / Fotos: María José Zuleta

    Hace una semana se inauguró “El Fantasma de la Utopía”, la última exposición de Arturo Duclos en el Museo de Artes Visuales. La exposición, que fuera un proyecto para la Bienal de Venecia, explora el sentido político de la utopía en el continente americano, contrastando los ideales libertarios que provienen de los diferentes grupos revolucionarios que trataron de imponer sus convicciones a través de la conciencia ideológica, la lucha armada y el terrorismo, inspirados en los grandes discursos revolucionarios del siglo XX.

    Duclos (58) con más de 30 años de trayectoria, representante de la escena de finales de los 80´y comienzos de los 90´, se caracteriza por ser una persona frontal, comprometido con el arte y con el acontecer nacional, estuvo en la palestra hace unos meses por sus comentarios sobre el Centro Cultural de Cerrillos y una discusión epistolar con Justo Pastor Mellado, su convicción es profunda: “para mí la solución está en el arte, que sigue siendo el gran motor de cambio de paradigmas”. En Tonic tuvimos la oportunidad de conversar con Arturo de su exposición y algunas otras cosas.

    José Tomás Fontetecilla: Chile, más bien el mundo, está pasando por un momento enardecido, por varias razones, quizás la aparición de internet una de ellas, esto hace que haya una masa crítica o criticona más robustecida y empoderada contra el poder o los “poderosos de siempre”, como se consigna en las diversas consignas de ciertos sectores de la política. Pero en respuesta a esto surgen discursos opuestos, el de los poderosos de siempre, ese que dice que hay que tener cuidado con el “fantasma del populismo”, ese que, según consignan los adherentes de ese sector político, hizo caer a países como Cuba, Venezuela u Argentina. Al leer el título de la exposición no puedo más que acordarme de ese discurso un poco fatalista y amedrentado que enarbolan personajes de la llamada “intelectualidad de derecha”.

    Por eso la primera pregunta es: ¿desde dónde se proyecta ésta exposición, cuál es tu posición frente a lo que está pasando hoy en Chile particularmente? ¿Dónde estás parado en el plano de los acontecimientos actuales?

    Arturo Duclos: Mi postura tiene que ver con la decepción de las utopías del siglo XX. Fueron las vanguardias artísticas y políticas del siglo XX quienes generaron expectativas de cambio que se fueron manifestando en muchos casos a través de los movimientos modernistas junto a los movimientos sociales y culturales. La lógica cultural del siglo XX fue la innovación y la motivación a transformar la sociedad, hoy a comienzos del siglo XXI a cien años de la revolución rusa, sólo parece que interesa la innovación.

    Ante los acontecimientos actuales me resulta más decepcionante aún constatar que la utopía social, parece cada vez más lejana. En Chile hemos vuelto a los años sesenta, dimos una tremenda vuelta de más de cuarenta años  y volvimos al punto de partida. Solo que los pobres ahora tienen zapatillas nike y smart TV, ahora los pobres y los no  tan pobres son neo esclavos. Entonces, cuando se problematiza  el descontento, vuelve el temido “fantasma del populismo”, viene para desacreditar nuevamente a la utopía.

    Siempre las utopías se comparan con el fracaso de las experiencias, comunistas de Europa del Este, Venezuela, Cuba o Nicaragua pero puedo asegurar que nadie está de acuerdo acá en Chile de crear un modelo social comunista, o menos aún pensar en esa clase de utopías sociales. Más bien quisiéramos, si vamos a hacer comparaciones en mirar modelos sociales inclusivos y democráticos, como el de los países escandinavos. Algunas personas han interpretado mi exposición como una apología de las revoluciones, yo más bien quiero, problematizar, preguntar y provocar conversaciones a cuarenta y siete años de la elección de Allende. Por eso veo posible una repetición de la historia, de hace cincuenta años. Cómo no vamos a ser lo suficientemente inteligentes para aprender de la historia. Es urgente la definición de un nuevo pacto social para garantizar la gobernabilidad, pienso que la negligencia de las elites hará fracasar el actual modelo, son necesarios nuevos paradigmas sociales y políticos, de lo contrario el fantasma de la revolución siempre estará presente.

    JTF: A propósito de lo mismo, muchas de las consignas de los grupos acogidos y trabajados en la exposición, son las mismas o muy parecidas a las que se pueden recoger hoy en la calle, en alguna marcha, como una consigna de espíritu joven pero también más exigente, por eso me gustaría saber ¿cuáles crees tú que son las utopías actuales de nuestra contingencia, en el amplio aspecto, culturales, artísticas, políticas, sociales…?

    AD: Creo que las actuales utopías tienen que ver con el sentido, hay una cierta teleología que deja de manifiesto el vacío de contenidos, éstas, las actuales utopías, son rebeliones contra la falta de sentido. Falta de una sociedad que no es capaz de llenar esas ausencias: económicas, culturales, artísticas, espirituales y políticas. Las clases dirigentes renuncian de manifiesto a la incapacidad de poner en ejercicio el estado de derecho, que solo funciona para unos pocos. La utopía del siglo XXI es la justicia social que quedo hipotecada en el siglo XX. El neoliberalismo y la falta de profundidad de sus discursos ha vaciado las expectativas ciudadanas hasta la anomía. ¿Será posible llenarlas nuevamente?

    JTF: Con más de 30 años de carrera, como consigna el comunicado de la exposición ¿qué cambios|evolución|divergencia sientes que ha tenido tu obra con relación a la que hacías en los 80´, una que ”se manifestaba más bien en las problemáticas de derechos humanos y de los desaparecidos”, como leí en alguna entrevista?

    AD: Indiscretamente, al considerar una trayectoria vas hilvanando cabos sueltos. Esto te hace mirar la obra como proyecto, como la construcción de una idea que es autopoietica y que parte con problemáticas sobre derechos humanos y atraviesa muchos derroteros, que todos tienen en común con la ‘incomodidad’. El relato de mi obra se basa en mi obsesiva compulsión hacia el campo simbólico y desde allí se puede perfilar un ciclo que desde los ochentas ha evolucionado en las contingencias culturales y los lenguajes visuales. En distintos momentos ha habido divergencias por supuesto, pero mirando con distancia el conjunto de mi trabajo puedo visualizar con claridad un enfoque siempre apelativo a la contingencia social y cultural.

    JTF: “I just believe in art”, otro título sugestivo, era el nombre de una de tus exposiciones realizadas en el 2015, poniendo al arte en una posición privilegiada dentro de los cambios que pueden interferir en el acontecimiento de los eventos ¿cuál es el rol del arte hoy? ¿A dos años de esa exposición sigues creyendo sólo en el arte?

    AD: Sigo creyendo sólo en el arte. Para mí no existe otra mirada, es una militancia que genera adeptos. Hay algo en el arte que tiene que ver con la pasión y su ejercicio a través del arte, algo que te toca y te arrebata, una sensibilidad intelectual que te atrae, te propone imposibles, utopías si tu quieres. Una inteligencia. Es un vicio que no puedes dejar, es como ser ludópata. Eso es en lo personal, en lo que me define.

    En su rol, pienso que hoy mas que nunca el arte cumple un rol en la generación de narrativas, en la construcción de imaginarios sociales y la construcción de nuevas formas de ejercer como sujeto en el mundo. Por eso el arte formalista solo construye imaginarios de ‘sociedad’. Creo que el rol del arte va más allá de eso. Nunca en toda la historia humana las personas han construido mas imágenes que ahora, mas que las que han construido los mismos artistas; recurro a Beuys, ‘todo hombre es un artista’. Entonces la única diferencia entre un productor de arte (artista),  y una persona común que produce imágenes, está en esa ‘construcción’ de sentido.

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